Los granulados son los hormiguicidas preferidos por el sector forestal y el dodecacloro ha sido o está siendo sustituido por el fipronil y la sulfluramida. Interesa entonces determinar qué es lo que se sabe sobre estos agrotóxicos a fin de poder analizar sus posibles impactos sobre el ambiente y la salud.

El fipronil es un insecticida descubierto y desarrollado por Rhône-Poulenc entre 1985 y 1987 y puesto en el mercado en 1993. Aunque es efectivo contra diversas plagas, existe preocupación acerca de sus efectos en el medioambiente y la salud humana. Su venta ha sido promocionada activamente en muchos países industrializados y en vías de desarrollo y su utilización a nivel mundial está aumentando (RAP-AL 2004a).

Los hormiguicidas granulados registrados en Uruguay en base a fipronil son el Blitz y el Formidor y las patentes de ambos están en manos de Aventis, por lo que interesa saber algo acerca de esta empresa. Aventis es el resultado de la unión entre la empresa Rhône-Poulenc (inventora del fipronil) con AgrEvo, que a su vez fue el resultado de la unión entre Hoechst y Schering. Aventis y Syngenta (resultado de la fusión entre Novartis y Zeneca) son hoy las dos mayores corporaciones del mundo en el mercado de los agroquímicos (Ekstrom 2000). Todas estas empresas han sido responsables de la producción de numerosos agroquímicos hoy prohibidos o severamente restringidos en todo el mundo.

Tanto el Blitz como el Formidor han sido ubicados en la categoría IV (ligeramente tóxicos), pero eso no significa que se trate de productos menos peligrosos que los que han sustituido. En efecto, en febrero de 2004 Francia suspendió la venta de insecticidas a base de fipronil (el componente activo de estos dos hormiguicidas), debido a la muerte de millones de abejas por la aplicación de ese insecticida a cultivos agrícolas. Pero el fipronil no sólo es tóxico para las abejas, sino que también tiene efectos adversos sobre la salud humana y la agencia ambiental norteamericana (EPA) identifica al fipronil como un posible cancerígeno (Beyond Pesticides 2003).

A lo anterior se suman los ya conocidos impactos del fipronil sobre determinados grupos de aves y peces, que llevan a Tingle y otros (2003) a concluir que “se requieren más estudios de campo sobre los impactos del fipronil sobre la fauna de vertebrados (anfibios, reptiles, aves y mamíferos) antes de que se pueda validar adecuadamente el riesgo de este insecticida sobre la fauna silvestre”.

Pero quizá lo más increíble, en el marco del Convenio de Estocolmo, sea que se está sustituyendo un organoclorado persistente (el mirex) por otro organoclorado persistente (el fipronil). En ese sentido, es interesante citar a Staton (1999), quien dice que la agencia ambiental norteamericana (EPA) “ha otorgado la licencia y recomendado el uso indiscriminado del ‘moderno’ organoclorado fipronil. Fipronil es uno de los más persistentes … y tóxicos insecticidas licenciados para su uso desde el dieldrin, el lindano y el DDT” (traducción propia del original en inglés).

El otro sustituto del dodecacloro es la sulfluramida, que fue registrada en los Estados Unidos en 1989. En el Uruguay, los hormiguicidas granulados en base a ese principio activo se venden bajo los nombres comerciales uMirex-S, Agrimex-S y Fluramin y también son considerados como “ligeramente tóxicos (categoría IV). Es más, en su página web, el Instituto Veterninario Uruguay S.A. promociona su uMirex-S (sulfluramida) como “hormiguicida granulado ecológico” (ver http://www.ivu.com.uy/paginas/lhogar.htm). Sin embargo, la información disponible muestra que difícilmente este veneno pueda ser considerado “ecológico”.

En efecto, la agencia ambiental de Estados Unidos (EPA), ha informado que en animales de laboratorio, exposiciones múltiples a dosis relativamente bajas de sulfluramida pueden causar efectos adversos en materia de reproducción y desarrollo. A ello se suma que la sulfluramida es áltamente tóxica para las aves y tóxica para animales acuáticos (Beyond Pesticides s.f.).

Más interesante aún resulta saber que en los Estados Unidos todos los productos que contengan sulfluramida deberán ser retirados del mercado a más tardar en el 2016. El principal motivo de preocupación de la EPA se relaciona con la larga vida de estos agroquímicos y sus posibles efectos a largo plazo en materia de reproducción e impactos ambientales (en particular por su alto potencial para bioacumularse en organismos acuáticos). A tales efectos, la agencia ambiental llevó a cabo negociaciones exitosas con las empresas productoras de cebos tóxicos a base de sulfluramida, quienes acordaron comenzar a retirar sus productos del mercado, en lo que fue catalogado como “una victoria para la salud humana y para el ambiente” (Maryland Cooperative Extension 2001).

Es decir, que mientras en nuestro país se los anuncia como “ecológicos”, en el país que los vio nacer se avanza hacia la eliminación total de los agroquímicos con la sulfluramida como principio activo.

En resumen, los actuales sustitutos del mirex, basados en el fipronil y la sulfluramida, no constituyen ningún avance en materia de conservación ambiental. En ese contexto, interesa ver que otros enfoques posibles existen en el país en materia de control de hormigas.

Del libro: Hormigas, agrotóxicos y forestación. Ricardo Carrere con la colaboración de María Isabel Cárcamo publicado en junio del 2004, ponen en evidencia los peligros de la sustitución que hace el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca en julio del 2004 al prohibir un hormiguicida peliogroso (mirex) y la sutitución con dos hormiguicidas peligrosos.

Fuente: Carrere, Ricardo y Cárcamo María Isabel (2004).- Hormigas, agrotóxicos y forestación. Páginas 56,57 y 58
 

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