Por Chris Lang,  Fuente: Boletín 123 del WRM

El Instituto Forestal Europeo (EFI) se declaró recientemente a favor de la investigación en árboles genéticamente modificados, o transgénicos. Varias de las 131 organizaciones miembros del EFI (que consisten en institutos de investigación, universidades y empresas) investigan en árboles transgénicos. Entre 2004 y 2006 el presidente del EFI fue François Houllier, director científico del Instituto nacional francés de investigación en agricultura (INRA), que también realiza investigacioens en árboles transgénicos. Otros miembros del EFI que tienen que ver con la investigación en árboles transgénicos son el Instituto finlandés de investigación forestal (METLA) y el Centro federal de investigaciones en silvicultura y productos forestales (BFH) de Alemania.

La declaración del EFI a favor de la ingeniería genética comienza diciendo que la investigación en árboles transgénicos es necesaria “Para brindar información y datos científicos sensatos e imparciales a las autoridades públicas pertinentes”. Esto podría tener sentido si no fuera porque la investigación en árboles transgénicos que se está llevando a cabo no es ciencia “neutral” destinada a brindar información a las autoridades públicas. La investigación en árboles transgénicos se hace para la industria, principalmente la industria de la pulpa y el papel pero cada vez más la de los biocombustibles.

La declaración del EFI se elaboró luego de una discusión interna que llevó dos años. En 2005 el Instituto encargó un documento de discusión que se llamó “Biotechnology in the Forest? Policy Options on Research on GM Trees” (¿Biotecnología en el bosque? Opciones de política sobre la investigación en árboles transgénicos). El principal autor del documento es David Humphreys, docente de Política Ambiental de la Universidad Abierta y autor de “Logjam: Deforestation and the Crisis of Global Governance” (Logjam: Deforestación y la Crisis de la Governanza Mundial).

El documento declara que “No surgen argumentos claros e inequívocos ni a favor ni en contra de los árboles transgénicos” pero al mismo tiempo presenta varios argumentos de fuerza contra la plantación comercial de árboles transgénicos y por lo tanto contra la investigación continuada en árboles transgénicos.

“Los árboles viven más que los cultivos agrícolas”, declara el documento, “lo que significa que pueden ocurrir cambios en su metabolismo muchos años después de plantados. Al mismo tiempo, los árboles son distintos de los cultivos pues en su mayor parte no están domesticados y además el conocimiento científico sobre los ecosistemas de los bosques es escaso en comparación con el conocimiento sobre los ecosistemas agrícolas. Los riesgos potenciales ecológicos y de otra índole asociados con los árboles transgénicos podrían ser mayores que los de los cultivos transgénicos”.

El documento señala la amenaza que los árboles transgénicos suponen para los bosques (aunque la preocupación parece ser más bien el impacto sobre la industria forestal más que los bosques y las personas): “A largo plazo, el uso de árboles transgénicos podría perjudicar gravemente al propio sector forestal debido a la contaminación genética, que redunda en bosques más débiles y cada vez menos capaces de resistir presiones naturales como los ataques de las plagas que se han vuelto resistentes a los insecticidas producidos por los árboles transgénicos”.

Debido a las patentes necesarias en la investigación científica, los árboles transgénicos serán caros. La producción y comercialización de árboles transgénicos es un proceso oneroso y muy especializado. El documento señala que “Si el uso de árboles transgénicos se vuelve popular y general, es probable que el propio sector forestal se vuelva cada vez más dependiente de las empresas de biotecnología y de semillas transgénicas”.

La introducción de nuevas tecnologías genera ganadores y perdedores. Entre los ganadores de la introducción de los OGM en el sector agrícola “se cuentan grandes empresas semilleras y de transgénicos, mientras que entre los perdedores hay muchos pequeños agricultores”, señala el documento. Los cultivos transgénicos estériles hacen que los agricultores tengan que comprar nuevas semillas cada año. Las semillas son más caras porque incluyen las regalías a las empresas que desarrollaron la especie transgénica. “El resultado neto es un flujo de ingresos de los agricultores pobres del Sur hacia las ricas empresas del Norte y muchos pequeños productores rurales obligados a salir del negocio.”

Muchas de las empresas y organizaciones de investigación que promueven la tecnología de los árboles transgénicos están en el Norte. Pero las plantaciones de árboles transgénicos, si es que se establecen, estarán más que nada en el Sur global. “Lo más probable es que el resultado sea la desigualdad social”, se señala en el documento del EFI, “tanto en la división del riesgo, que recaerá sobre todo en los países del Sur, como en la división de los beneficios financieros, que serán principalmente para el mundo industrializado”.

Humphreys y sus colegas señalan que los impactos de las plantaciones de árboles transgénicos serían similares a los de las grandes plantaciones industriales de árboles que ya se han establecido en el Sur: “Las plantaciones de árboles en el Sur han tendido a abusar de la tierra y los recursos hídricos disponibles y a contaminar el medio ambiente circundante con fertilizantes y plaguicidas. Puede esperarse que las plantaciones de árboles transgénicos impongan exigencias aun mayores al medio ambiente, puesto que las variedades transgénicas se modifican para que crezcan más rápido”.

El documento concluye afirmando que “Los árboles transgénicos tienen beneficios económicos y ambientales considerables pero también desventajas económicas y ambientales potencialmente graves. Los efectos sociales de la introducción de árboles transgénicos que se anticipan son abrumadoramente negativos. La situación legal de los árboles transgénicos no es clara. Toda la cuestión de la introducción de los árboles transgénicos plantea graves preguntas éticas que no tienen respuestas obvias”.

La explicación de esta decisión del EFI de apoyar la investigación en árboles transgénicos puede estar en el documento de discusión del EFI de 2005. “La mayoría de los científicos expertos en transgénicos trabajan para institutos de investigación y empresas industriales”, señala el documento. “Podría aducirse que estos científicos tienen un interés creado en enfatizar los beneficios de la biotecnología y minimizar los riesgos asociados”.

Una oración de la conclusión del documento de discusión brinda un argumento claro e inequívoco contra los árboles transgénicos: “Los efectos sociales de la introducción de árboles transgénicos que se anticipan son abrumadoramente negativos”. Al apoyar la investigación en árboles transgénicos, EFI está ignorando esos efectos sociales abrumadoramente negativos.

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