Fuente: Suple Energía – La Diaria – Octubre 2007

Una reciente investigación realizada en la Universidad de Wisconsin-Madison (USA) ubica a Uruguay dentro de los cinco países con mayor potencial para invertir en biodiesel con destino a la exportación. Los otros cuatro países son: Colombia, Malasia, Tailandia y Ghana.

Los investigadores Matt Johnston y Tracey Holloway, del Instituto Nelson para Estudios Ambientales de esa universidad, calificaron 226 países mediante una comparación entre el límite máximo de aumento de
la producción de biodiesel en volúmenes absolutos, el potencial para exportar biodiesel y el potencial de incremento de la producción de aceites vegetales por aumento de los rendimientos agrícolas. Los
resultados encontrados por país fueron, a su vez, comparados según parámetros económicos, ambientales y energéticos. La información utilizada para realizar la investigación fue tomada de datos oficiales de los gobiernos y de otras variadas fuentes.

Los resultados para Uruguay estiman el costo potencial de producción de biodiesel en U$S 0,45 por litro, la producción potencial en 40 millones de litros anuales y la reducción potencial de emisiones de gases de efecto invernadero en 8.000 toneladas equivalentes de CO2.

Sin embargo, llama la atención la estimación de los puestos de trabajo creados por este escenario: 47 en total, máxime cuando uno de los argumentos más utilizados en la promoción del biodiesel es su colaboración a la generación de empleo genuino. Una investigación local en este sentido permitiría comprobar o descartar la veracidad de esta afirmación, posiblemente basada en la fase industrial del biodiesel y no en su etapa agrícola de producción de materias primas, que tradicionalmente se asume que es la mayor creadora de empleo.

Riesgo de avalancha

Mirando desde la perspectiva local, Uruguay se encuentra actualmente en una coyuntura muy particular respecto del biodiesel: la definición del marco legal es aguardada por posibles y/o probables inversores nacionales, actuales productores y futuros consumidores, amén de una amplia gama de inversionistas extranjeros no especializados en el tema pero alertas ante la aparición de oportunidades de negocios.

En este marco, la investigación realizada por Johnston y Holloway viene a significar algo así como un llamado a una avalancha anunciada de emprendimientos e inversiones, -probablemente muy bienvenidas – en
un escenario que carece de una determinación a largo plazo del modelo productivo que el país quiere o necesita en materia de biodiesel. Y sin contar con que el destino es la exportación.

La actual polémica acerca del modelo forestal y las consecuencias del mismo, deberían abrir los ojos para tomar las precauciones necesarias y que no suceda lo mismo con el biodiesel. Dejar al libre albedrio de los inversores privados la determinación de la producción de biodiesel, podría resultar en que, en un futuro cercano los uruguayos lamentemos lo que hoy son posibilidades y mañana pueden ser hechos: monocultivo, desplazamiento de rubros productivos tradicionales, “sojización”, depredación de recursos naturales finitos, reducción de biodiversidad. La determinación de la escala, localización, materias primas e insumos de los futuros emprendimientos de biodiesel deberían estar basados en la racionalidad y el equilibrio entre las necesidades de consumo y la disponibilidad de recursos, pero fundamentalmente en un criterio ecuánime, que indique razonablemente hasta dónde se puede llegar en la producción de biodiesel con destino exportación.

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